google-site-verification=ZkIC5SiohInhVG2I6VhractcKMA0mbMK4ycq_PazXEA ¡SENTIRSE CULPABLE POR SENTIRSE BIEN CUANDO TODO PARECE ESTAR MAL!
  • Carlos Perez-Carracedo Lopez

¡SENTIRSE CULPABLE POR SENTIRSE BIEN CUANDO TODO PARECE ESTAR MAL!





¡SENTIRSE CULPABLE POR SENTIRSE BIEN CUANDO TODO PARECE ESTAR MAL!

Es una reflexión que no os creáis que es gratuita, estamos en un momento de haber sufrido un enorme cambio en nuestras vidas, rutinas, economía, emociones, nos enfrentamos a una situación extraordinaria de confinamiento, de alteración de nuestras costumbres, vemos a nuestro alrededor como muchas personas han perdido la vida, quizá alguna persona cercana, sus trabajos, su forma de vida conocida y la incertidumbre de no saber muy bien que va a pasar cuando esta etapa de confinamiento pase.

Lo más normal es que todo esto nos afecte, a unos más que a otros, por sus circunstancias personales, que incluso genere sufrimiento a niveles emocionales profundos, dolor.

Pero no todo el mundo esta en primera línea de dolor, de sufrimiento o de circunstancias personales muy negativas y por eso uno se siente tremendamente agradecido, pero a su vez puede sentirse CULPABLE cuando uno es consciente de que hay millones de personas que están sufriendo y uno mismo no tanto.

El problema de sentirse culpable es que puede resultar muy contraproducente a muchos niveles. Podemos estar sobre pasados con ese sentimiento o incluso nos puede paralizar en muchas de nuestras actividades y comportamientos. Lo cierto es que en esta situación se nos haría muy difícil AYUDAR a nadie. No estaríamos en posición de ser útiles a la sociedad.

Desde luego no somos los primeros a lo largo de los siglos que nos enfrentamos a situaciones similares o incluso más trágicas y dramáticas y ha quedado mucho escrito también sobre este tema que hoy nos ocupa.

Por ejemplo

En el budismo hay un discurso que se llama el Sallatha Sutta que se titula “LA FLECHA”.

Lo que nos viene a contar de forma resumida es que cuando sufrimos una experiencia dura y dolorosa, cuando perdemos a alguien querido o somos testigos de como mucha gente sufre, es como si el mundo nos hubiera lanzado una flecha que nos da de lleno, DUELE y es absolutamente normal que así sea, y que seamos conscientes del dolor que esa flecha nos genera.

Pero nuestra condición humana hace que nosotros mismos nos lancemos la segunda flecha que también nos da de lleno y duele aún más, esa flecha corresponde a que somos nosotros mismos los que alimentamos ese dolor generándonos si cabe un mayor sufrimiento.

Tiene muchas lecturas, quizá nos sentimos culpables por no haber hecho lo suficiente o quizá le echemos la culpa a los demás, la incompetencia de todos, sentimos miedo, quizá yo sea el próximo, quizá yo no merezca estar bien cuando otros están tan mal.

La diferencia entre la primera flecha y la segunda es que la primera no la podemos controlar o elegir, mientras que la segunda si.

Es natural que la primera flecha nos penetre y cuando recibimos las noticias que nos crean dolor, incertidumbre y confusión automáticamente nos clavemos la segunda flecha reaccionando al dolor de la primera dejando que nuestra mente empiece a maquinar en contra de nosotros mismos dejando que pensamientos negativos, sentimientos de culpabilidad y de tristeza nos embarguen, no obstante y aquí utilizando técnicas de Mindfulness, si dejamos pasar un poco de tiempo desde el impacto de la primera flecha y en vez de reaccionar dejamos que ese dolor, circunstancia, tristeza, ira, miedo o cualquier sentimiento que nos haya generado incluido el de la culpa no se convierta en reacción, si no más bien, entendemos que lo que nos esta pasando forma parte de un proceso mental de asimilar la circunstancia, veremos como ese shock inicial va perdiendo fuerza y empezaremos a ver las cosas con mucha más objetividad.

Lo cierto es que el impacto de la segunda flecha no ayuda a nadie, ni tan siquiera a nosotros mismos, cada uno de nosotros tiene su propia identidad, sus propias vidas junto con sus circunstancias y que cada uno de nosotros debe y tiene que asumirlas de la mejor forma posible sin compararse sin mirarse en el espejo ajeno sino mirarse en el suyo propio y siempre y cuando nuestra vida sea coherente con nosotros mismos nos dará la suficiente calma como para no clavarnos la segunda flecha y dejarnos una profunda sensación negativa en forma de culpabilidad por algo que no hemos ocasionado pero que sentimos reflejado en el espejo de los demás.

Quizá el secreto al final del día y de este artículo consiste en que una vez que nos hayamos ayudado a nosotros mismos empecemos por ayudar a los demás buscando así la coherencia y el equilibrio con sentirse BIEN a pesar de lo malo que se esta viviendo y estamos percibiendo.

Mi agradecimiento a la Profesora Rhonda V Magee de la Universidad de San Francisco, Stanford y Massachusetts por su inspiración para este artículo

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